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FASES DE LA PARTIDA

ESTRATEGIA Y TÁCTICA

LAS PIEZAS

 

 

FASES DE LA PARTIDA

La partida de ajedrez, suele dividirse en tres fases: apertura, medio juego y final. Naturalmente, esta división es muy esquemática, ya que en la época actual una partida puede entrar en un final nada más salir de la apertura, puede conectar la apertura y el medio juego de modo tal que sea difícil establecer dónde ha finalizado una y dónde ha comenzado el otro.

 

QUE HACER (ESTRATEGIA) Y COMO HACERLO (TACTICA)

Supongamos que hemos finalizado la apertura y ante nosotros se abre la "terrible" perspectiva del medio juego. ¿Qué posibilidades tendremos en esa difícil fase? Lo primero que debe hacer el jugador es proceder a un análisis  de la posición. ¿Con qué medios contamos para ese análisis? Aquí entrarán en consideración todo tipo de factores posicionales, como:

  • Dominio del centro.
  • Mejor desarrollo.
  • Actividades de las propias piezas y de las enemigas.
  • Seguridad de ambos reyes.
  • Puntos débiles.

Si llegamos a la conclusión de que la mayoría de estos factores se inclinan en nuestro favor, es muy probable que tengamos ventaja decisiva, en cuyo caso debemos examinar detenidamente las posibilidades de llevar a cabo con éxito un ataque directo (ataque al rey enemigo), o un ataque posicional, sea en el centro o en uno de los flancos.

Si después de nuestro análisis concluimos que la ventaja no es decisiva, pero que sí existe, debemos establecer un método de incrementar la ventaja.

Podemos, por ejemplo, pensar en reforzar el centro, en activar la posición de nuestras piezas, en presionar sobre algún punto débil del enemigo, etc. En otras palabras, debemos tratar de transformar esa ventaja en otra mayor y decisiva.

Naturalmente, en el caso de que nuestra posición sea desventajosa, el procedimiento será muy distinto. Debemos, en tal caso, procurar:

  • Reforzar nuestros puntos débiles.
  • Agilizar el desarrollo.
  • Reforzar el centro.
  • Buscar contrajuego.
  • Darle seguridad a nuestro rey.

Pero aún aquí corresponde al jugador decidir cuál o cuáles de estos factores tienen más influencia en el desarrollo del juego, es decir, a qué factor o factores es precisoconcederle(s) prioridad.

En caso de igualdad o de aparente igualdad, el jugador que se proponga desequilibrar la posición en su propio beneficio deberá procurar apoderarse de la iniciativa, pero aquí parece oportuno recordar la conveniencia de "saber nadar y guardar la ropa". Es decir, nunca en situaciones de igualdad será técnicamente correcto atacar y mucho menos atacar con un centro inestable o en tensión. Un ataque prematuro está condenado al fracaso, a menos que sea respondido con una defensa imprecisa o excesivamente pasiva. El jugador deberá tener presente que un ataque de flanco prematuro debe ser replicado siempre con una reacción en el centro.

Es fácil comprender que cuánto mayor sea la precisión con que enjuiciemos los factores posicionales, tanto mejor será la decisión adoptada: nuestro criterio es fundamental para decidir el qué y el cómo. Una vez decidido qué debemos hacer, habremos tomado una decisión estratégica: un plan estratégico.

¿Dónde comienza la táctica? La táctica (el cómo) es precisamente la ejecución concreta del plan estratégico trazado. En la medida en que los medios tácticos concretos (jugadas, secuencias) puedan llevarse a cabo sin tropiezos, habremos ejecutado el plan táctico de manera eficiente. Ahora bien, como en la vida y en la guerra, en ajedrez difícilmente podrá hacerse camino sin continuos cuestionamientos del propio plan, sin vueltas atrás y correcciones sobre la marcha. Estos obstáculos imprevistos requerirán que vayamos puliendo nuestro plan táctico y que, a menudo, éste se convierta en varios planes tácticos encadenados que se complementen.

Todo ese conjunto dialéctico de jugadas de ataque, defensa y contraataque, llevadas a buen fin serán la culminación del plan estratégico concebido. Si, pese a todo, nuestro contrario se impone, eso significará que su plan estratégico era superior.

Dos nuevos términos acaban de entrar en juego, que vamos a definir: por posicional entendemos una jugada lógica perfectamente coherente dentro de nuestro plan,una jugada, en suma, que también podemos llamar natural, como requerida por la posición. Combinativa es una  jugada, paradójica las más de las veces, que generalmente implica sacrificio(s), de material. Tanto uno como otro tipo de jugadas son frecuentes en cualquier plan táctico.

 

LA TÁCTICA PRIMERO

Para concebir un buen plan estratégico es obvio que hay que poseer nociones muy claras y de cierta profundidad sobre nuestro juego.

Pachman, un famoso didacta, decía que es mejor comenzar por la táctica porque, de este modo, el estudioso se familiariza con las maniobras concretas de las piezas, con su actividad o debilidad. No cabe duda de que la dinámica de las piezas y la coordinación entre ellas se imponen como el primer elemento a estudiar, porque sólo sabiendo evaluar con qué fuerzas contamos y qué podemos esperar de ellas podremos primero, concebir un plan estratégico correcto y, posteriormente, ejecutarlo con éxito por medio de un plan táctico.

 

LAS PIEZAS, VALOR NUMÉRICO Y PROPIEDADES

Estudiaremos, a continuación, las propiedades de todas y cada una de las piezas, comenzando por la más poderosa de ellas, la Dama.

Dama    - 9
Torre   - 5
Alfil   - 3
Caballo - 3
Rey     - 

Esta es una escala convencional que debe servir de mera referencia en los cálculos materiales del ajedrecista, pero dista mucho de ser una buena guía, porque las piezas son más fuertes cuántas más casillas dominen. Así, un alfil que domina dos diagonales despejadas es una pieza fortísima, mientras que otro alfil confinado por sus propios peones es completamente inoperante. Por otra parte, la coordinación de determinadas piezas es más fuerte aún partiendo de un valor material inferior (Dama+Caballo, por ejemplo, es una fuerza superior a Dama+Torre, en determinadas posiciones).

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